viernes, 9 de marzo de 2012

Los derechos sexuales y reproductivos son derechos humanos

Por Gisela Spasiuk y Zulma Cabrera

Pensar cuestiones de igualdad de género es pensar en las negaciones o ausencia de derechos a las que se ven expuestas principalmente las mujeres por su sexo y que se reflejan en carencias, problemas, necesidades concretas y particulares. Ver los procesos sociales desde esta mirada es reconocer la falta de acceso a recursos materiales y bienes concretos para la manutención y el sostenimiento diario (acceso a la propiedad, ingresos, créditos, salud y educación); pero también centrarse en las posibilidades de ampliar capacidades para enfrentar esas condiciones de vida (autonomía, autoestima, empoderamiento, tiempo libre, libertad de movimiento, decisión, participación), asimismo se trata de revisar el papel del estado, de la sociedad y sus instituciones que perpetúan tanto las desigualdades de género como la pobreza.

La lucha feminista y social denuncia que a las mujeres se nos impone la sexualidad exclusivamente para la reproducción y como problema “personal”. La sexualidad, entonces es un campo de ejercicio de poder que sostiene la deshumanización de las mujeres y refuerza la arbitrariedad y el abuso sobre ellas. Esto da lugar a la ubicación de las mismas como cosas, desvirtuando su lugar de sujetos de derecho. Se justifica así el no respeto por su integridad corporal, por su libertad, por sus deseos y necesidades. La lucha por revisar, ampliar y concretar los derechos de las mujeres (entre otros grupos y sujetos excluidos), formalmente reconocidos, es un terreno de disputa y argumentaciones respecto de cuáles necesidades humanas se reconocen como aceptables por los que tienen poder[1] o mejor aún por el conjunto de la sociedad.

Los derechos sexuales y reproductivos son un conjunto de derechos humanos inalienables que habilitan a toda persona a relacionarse y conformar parejas libremente; a decidir tener o a no tener hijos, cuantos y con qué frecuencia, y bajo qué condiciones personales o de pareja se toma tal decisión; sin violencia, sin coacción ni discriminación de ningún tipo sobre su propia sexualidad. Además prevén que estas decisiones y libertades se ejerzan de modo protegido, sin temores y sin consecuencias para la salud física y emocional.

Así, sexualidad y reproducción constituyen dimensiones básicas del desarrollo personal, y de la salud individual y colectiva. La salud es un derecho humano esencial, por esto los derechos sexuales y reproductivos también lo son. Es innegable que las mujeres comprometen su cuerpo en la gestación, el parto y el puerperio, y están afectadas por los embarazos, especialmente si éstos no son planificados, como también por las violaciones y los abusos. No es posible que en pleno siglo XXI, con el avance de la ciencia y de las protecciones estatales las mujeres mueran por causas evitables vinculadas al embarazo, parto o puerperio, o por otras cuestiones como la exposición a prácticas sexuales no consentidas, sin protección (con sus efectos secundarios como las infecciones). Permitir que las mujeres tengan autonomía y decisión sobre sí mismas y sobre sus cuerpos, hace posible la existencia de familia(s) más saludables en una sociedad también más vivible.

Estas cuestiones están en nuestro país con su correlato en las discusiones y avances de la agenda legislativa y de las políticas públicas: el Programa de Salud Sexual y Procreación Responsable (Ley Nº 25673/03), el Programa Nacional de Educación Sexual Integral (Ley Nª 25160/06), el matrimonio igualitario (Ley N°26618/09 y decreto 1054/10), el Protocolo de Atención en hospitales públicos frente al aborto no punible, entre otras concreciones y otros temas, aún en tratamiento (ley de despenalización del aborto). El Estado nacional ha comenzado a posibilitar medios para facilitar el ejercicio de éstos derechos básicos, de forma universal y gratuita. Desde su inalienable autonomía, es necesario que garantice llegar a un consenso con eje en el bien común, que instituya un orden de justicia para todxs por igual. Esto implica poner límites a la situación caótica provocada por las violaciones a los derechos sexuales y reproductivos. Y es nuestra tarea militante acompañar de modo argumentado y sostenido el debate y su defensa.

Kate Millet en su texto “Los Derechos Sexuales y Reproductivos son los más humanos de los derechos” sostiene y expresa claramente que “cuando hoy todavía resulta imperceptible el dominio sexual; éste es quizás la ideología que más profundamente arraigada se halla en nuestra cultura por cristalizar en ella el concepto más elemental de poder”.



[1] Alda Facio en “Derechos Humanos de la Mujer”. Pág. 352, compilado por R. Cook. Año 1997.

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